
Un informe exclusivo muestra a GM gastando 20 millones de dólares en cabildeo para debilitar las normas de vehículos eléctricos, mientras mantiene metas ambiciosas de electrificación.
Resumen: lo que sucedió
A principios de 2025, General Motors envió un equipo de seis cabilderos a las oficinas del Congreso y agencias en Washington, con un presupuesto de cabildeo de cerca de 20 millones de dólares ese año — una de las cifras más altas entre las empresas estadounidenses.
Entre los temas listados en los registros de la empresa estaba la Transportation Freedom Act, una propuesta presentada hace un año que buscaba debilitar los pilares regulatorios de la transición hacia los vehículos eléctricos. Aunque GM ofreció citas de apoyo cuando se presentó el texto, el objetivo detrás del cabildeo era socavar las reglas pro-EV.
Para entender lo que ocurrió, Trellis investigó los registros de cabildeo de GM y habló con expertos en sostenibilidad sobre las tácticas corporativas frente a las políticas públicas. El resultado es un estudio de caso sobre cómo las estrategias de cabildeo pueden entrar en conflicto con los compromisos a largo plazo con el clima y con las opciones de la empresa para cerrar esa brecha.
La estrategia de cabildeo
Durante la administración Biden, GM apoyó partes del marco regulatorio que sustenta la transición hacia los vehículos eléctricos — incluyendo límites a las emisiones de escape, metas federales de eficiencia y una exención otorgada a California para establecer sus propias reglas más estrictas. Este apoyo, sin embargo, disminuyó cuando las ventas de vehículos eléctricos se redujeron en 2024. Con la toma de posesión de Donald Trump, contrario a los vehículos eléctricos, GM intensificó sus contactos en DC para discutir la agenda, aranceles y otros temas, según lo revelado por los registros de cabildeo. En mayo de 2025, miles de empleados de nivel administrativo recibieron un correo electrónico pidiéndoles que instaran a los senadores a apoyar el fin de la exención de California.
Otras automotrices, como Stellantis y Toyota, también defendieron la Transportation Freedom Act, y las reglas de los vehículos eléctricos terminaron debilitándose con el tiempo. La exención de California fue revocada en una resolución firmada por Trump en junio, y la EPA terminó invalidando sus propias normas de emisiones de escape en febrero. En respuesta, GM mantuvo una posición cautelosa, mientras que la CEO Mary Barra defendió la idea de un estándar único nacional durante sus apariciones públicas.
El razonamiento detrás de la oposición
- Para las empresas establecidas, los vehículos eléctricos suelen generar pérdidas, mientras que las camionetas aportan márgenes estables; sin reglas, GM podría adoptar la estrategia de ventas que prefiera.
- La búsqueda de consistencia regulatoria es valorada: GM históricamente resistió las normas de California, adoptadas por varios estados, y Barra abogó por un estándar nacional único.
- La percepción de que las metas de California serían difíciles de cumplir también pesó en la evaluación de la CEO y sus pares.
Las opciones de gestión
Al comparar con sus pares, surgieron diferentes caminos. La EPA abrió una consulta sobre la revocación de un veredicto de 2009 que sustentaba las emisiones de gases de efecto invernadero; las automotrices dijeron que las reglas eran muy rígidas, pero algunas sugirieron mantener la estructura global para garantizar la estabilidad necesaria para las inversiones a largo plazo. Ford, por ejemplo, participó en visitas al Capitolio en marzo, organizadas por Ceres, para defender una economía limpia — algo que GM no hizo explícitamente.
Hubo sugerencias de enmiendas que no eliminarían las reglas, como extender los plazos o vincular los estándares a la expansión de la infraestructura de carga. Los expertos en sostenibilidad destacan que la relación entre los equipos de sostenibilidad y los de relaciones gubernamentales no siempre está armonizada, ya que el enfoque principal de muchos departamentos es proteger el negocio central de la empresa.
La brecha de retroalimentación
El llamado "bucle de ambición" entre gobiernos y empresas se rompe cuando los cabilderos presionan por cambios que no se alinean con los compromisos climáticos a largo plazo. El resultado puede traer costos mayores en el futuro para consumidores y empresas — por ejemplo, sin reglas de vehículos eléctricos, la proyección para 2030 apunta a impactos distintos en la economía, con ganancias a corto plazo en los precios de los automóviles, pero pérdidas futuras para consumidores y fabricantes.
Riesgo para la industria de EE. UU.
Si la industria fuerza caminos de menor regulación, podría perder el ritmo frente a sus rivales globales que ya invierten fuertemente en vehículos eléctricos. En Europa y China, entre otros, la competencia ya es feroz, y los vehículos eléctricos representan porciones significativas de las ventas de vehículos nuevos. El surgimiento de fabricantes chinos y el apoyo gubernamental a esas economías complican el escenario para las automotrices estadounidenses que reducen el apoyo a las reglas pro-EV.
Nathan Niese, líder global de vehículos eléctricos de Boston Consulting Group, advierte que otras naciones y empresas están avanzando rápidamente para ganar ese futuro, creando distancia con los actores que dudan en promover políticas consistentes.
¿Y usted, qué piensa? En su opinión, ¿deberían los grandes fabricantes defender reformas regulatorias para acelerar la transición a los vehículos eléctricos, incluso si eso amenaza las metas a largo plazo? Deje su opinión en los comentarios a continuación.






